Personal

Lo que me dicta el corazón.

No sé si les ha pasado, pero han sentido a veces como dos voces en el interior de la cabeza que les resuenan en una interminable discusión entre hacer algo o no, entre hacer lo que les dicta el corazón o no?

No se trata de ser esquizofrénicos, ni de  tener personalidades múltiples, ni de oír voces que te digan: mata, mata, mata…. NOOOOOO, no se trata de eso, es simplemente una dicotomía interna entre algo que te impulsa a hacer algo y que por otro lado te frenas porque sabes, racionalmente, que no tendría sentido, que podría salir mal, que te dejaría en una posición vulnerable para se más herido y humillado, que no vale la pena, que la pérdidas podrían ser mucho más que las ganancias, pero sin embargo la llamita del impulso no se apaga, está ahí, día a día, que quiere e insiste en hacer el intento, pero está ahí esa otra voz como un carcelero con alabardas que se para en la puerta y no te deja salir ni hacer lo que te dice esa vocecita como un duende en la oreja del burro.

No sé de dónde sale, no sé si esa llamita de voz sea lo que me dicta el corazón, porque la voz en mi cabeza es más dura y fría.

A veces me pierdo, no sé que hacer, y a veces lo tengo tan claro. Racionalmente sé que no tiene vuelta, que no hay marcha atrás porque básicamente nada ha cambiado.

Su posición sigue siendo la misma, si no ya me habría escrito, me habría dicho algo, no sé, si hubiera sido todo de verdad, no habría dejado que todo hubiese terminado así, sin más, sin haber quemado todas la naves.

O bien es demasiado su orgullo, o es demasiado cobarde, o muy bien es posible que yo no le importe nada, y en ese caso nada tuvo sentido desde le comienzo porque todo no fue más que un gran engaño, lo que se traduce como no vale la pena siquiera intentar algo más.

Cualquiera que sea la razón, no veo por qué esa voz insistente aún no se apaga y me deja en paz, por qué sigue viva esa especie de obseción insana a estas alturas, por mantener vivo su recuerdo y hacerme sentir arrepentida, si cuando tomé la decisión estaba segura de que era lo correcto, era lo más saludable para todos, tomar distancia, alejarse y marcharse para que cada uno siguiera su propio destino.

Pero hay días en que todo eso se ve como entre tinieblas y se me olvidan los motivos que me apartaron en un comienzo, como si esas razones ya no me importaran, pero eso es un engaño, lo sé, porque me siguen importando, basta con que me vuelva a conectar conmigo misma y me volverán a importar,  yo no he cambiado, es sólo que a veces la pena que siento me confunde un poco y me hace sentir nostalgia y siento ganas de volver, pero en tanto recupero la cordura sé que  esas razones no me dejarán de importar porque en eso se funda toda la concepción que tengo del mundo y de lo que debe ser mi vida.

Yo no quiero que mi vida siga un modelo del que me he querido alejar toda mi vida, yo quiero vivir a mi modo, y ese modo no es nada del otro mundo tampoco, nada estrambótico como para que fuese inaceptable, rechazable o despreciable. Cómo no poder ser capaz de aceptarme asi con mis propias aspiraciones, eso me indicó que no me quería, no los suficiente al menos.

Me di cuenta que yo no era su prioridad, que por mí no estaba dispuesto a nada, y que si yo era postergable, significaba que yo sólo era importante en función de lo útil y práctica que podía resultar ser para sus propios planes.

Y eso no ha cambiado, como se dio cuenta que sería más complicado domesticarme, doblegar mi voluntad para hacerme trabajar en consecución de sus propios planes y metas, obligándome a dejar en el camino mis propias necesidades, sueños y prioridades, para que adoptara sus sueños como míos, para que yo viviera su vida como la mía y me olvidara de mí misma, como si yo tuviera que vivir sólo para él, porque al parecer esa era su visión del amor de pareja: primero sus necesidades, segundo sus necesidades, tercero sus necesidades; cuarto, las necesidades de su sombra. Pero como vio que yo era más complicada que eso y que mi manera de ver las cosas no era desde su colina, entonces  simplemente se retiró y me dejó en libertad aduciendo la maldita frase: “te mereces algo mejor que yo”.

Si me quería tanto como decía, por qué carajos no quiso ser mejor persona para sentirse digno de mí? si acaso se llegó a sentir alguna vez inferior?

Y ese “algo”, maldito sea, se trataba a sí mismo como una cosa, qué más podría esperar para mí, seguro también me veía como una cosa.

Y yo soy una persona, maldición, nací y me moriré como una PERSONA; yo soy ALGUIEN, y TÚ también. Nunca he sido “algo”, siempre seré ALGUIEN, aunque sea simplemente yo, ya sin ti.

No tener conciencia de sí mismo, no valorarse a sí mismo, con eso yo no puedo. Qué quedaría para mí entonces, alguien que no se auto valora, que no se considera ni se tiene estima, cómo podría quererme?. Cómo podría esperar recibir un gran amor de parte de alguien que es incapaz de amarse a sí mismo, sin embargo tenía un ego de orgullo del porte de un buque.

Por qué eso tenía que ser un problema?

Era yo la que estaba aceptando un montón de sus condiciones, lo mínimo que podría haber hecho por mí, es haber aceptado negociar al menos, yo sólo quería ser su prioridad, no quería sentirme postergada, o rebajada a un segundo lugar o tercero, cuarto,  o ser el último pelo de la cola en su vida. Quería tener mi propio espacio, y que aceptara mi vida dentro de su vida.

Yo quería que fuéramos una pareja, lo que significa eso en rigor. NO quiero una relación vertical, donde él mandara y yo obedeciera. Qué creía?

Yo no estaba desesperada, ni era una refugiada, no lo necesitaba para sobrevivir, yo sólo quería compartir mi vida con él porque sentía que valía la pena, porque creí que era el hombre de mis sueños, que era él el hombre que había querido encontrar siempre, aunque no se ajustara completamente a los requisitos, tuve que hacer algunos ajustes tomando en consideración a que a esta edad es imposible hallar al ser perfecto. Éste traía mochila y cargas emocionales que me parecieron llevaderas porque sus virtudes las compensaban. Traté de ver la mitad llena del vaso y de ser generosa aceptando que su amor por mí era suficiente. Alguien me amaba, por fin y de verdad. O al menos eso creí o quise creer, me bastó eso por un tiempo, hasta qeu comencé a proyectar cómo podría ser mi futuro a su lado y lo que vi me comenzó a ahogar, sobre todo cuando vi que no había espacio para mi propia vida ahí en esa vida de dos metros cuadrados que me ofrecía, pero que aún así estaba dispuesta a aceptar a cambio de que me dejara ser fiel a mí misma y no me dejara sola.

Yo he soñado siempre con un hombre que me comprendiera y me aceptara con todas mis fortalezas y debilidades, con todas mis virtudes y defectos, con todas mis habilidades y torpezas, y que aún así me amara y me lo demostrara siempre.

Pero ese amar qué significa?

Que me conozca, que me entienda, que simplemente me abrace sin decir nada cuando no me sienta bien. Que tenga gestos delicados y tiernos sin sentirse obligado, sin mediar motivos, que me haga sentir amada y protegida, que fuera mi partner y mi cómplice, mi socio. Que sea el único capaz de leer mi mente con una sola mirada y sepa en qué momento quedarse y en qué momento marcharse. Que no me hiriera ni me tratara brusco apropósito. Que nunca me hiciera sentir sola en el alma. Que yo fuera la única mujer de su vida en ocupar el trono de su corazón, la que gobernara esa parte del amor reservada solo para el amor de los compromisos entre amantes. Yo no soy celosa con el amor de hijo por su madre, o por el de padre por su hijo, o por el amor de hermano a hermana, tampoco por el de amigo, yo entiendo que se pueden tener amig@s por l@s que se puede sentir cariño, pero no acepto otro amor por otra mujer, semejante como el que podría sentir por mí, en eso sí soy exigente y excluyente. Me gusta la exclusividad. Soy fiel por naturaleza y por opción, entrego mi fidelidad y lealtad sin que me la pida, por lo tanto exijo lo mismo de vuelta. Si eso se rompe, se termina todo y sin segundas oportunidades. No perdono la cobardía ni la traición.

A estas alturas no sé en qué va su vida, quizás ya se encontró otra para reemplazarme, no lo sé.

No sé si me interesa saberlo, prefiero simplemente olvidarme.

Una vez pedí: “Si no va a ser por mi bien, que desaparezca” ,y desapareció. Eso debe significar que no iba a ser bueno para mí, entonces qué sentido tendría intentar hacer que me volviera a hablar siquiera.

Siento que si no ha sido capaz de mover un dedo por hacer que las cosas cambien, no se merece nada de mí.

Por alguna vez en mi vida me gustaría sentir que soy capaz de mover una montaña y hacer que la montaña venga a mí.

Sólo espero no morir atrapada bajo la avalancha y que esta estúpida voz que me habla del corazón se calle.

 

 

 

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Corazón Roto

Este día ha sido triste, no sé si es porque estaba nublado, hacía frío y en la tarde se ha largado a llover o porque de pronto se me han venido encima los recuerdos de hace algunos años cuando me sentía más feliz. Recuerdos de un aire cargado de esperanzas, sueños de verde y rosa.

Por un tiempo mientras viví en mi propio castillo de naipes fui inmensamente feliz sintiendo ser el ama y señora de mi propio futuro tejido entre palabras y el humo de su tabaco.

Luego cuando esa historia se rompió y cobró su propio pasado, y entre tanto siguieron  fluyendo  las aguas del río  Olvido, sin perder el hilo de lo aprendido me atreví a cruzar otro puente, pero llegué a la misma ribera, sólo que esta vez ya traía los pies mojados y nunca logré llegar a sentirme del todo a gusto.

En el hogar no había suficiente leña, el fuego no calentaba lo suficiente para que se secaran mis pies ni mi ropa, cuando me marché de ahí aún llevaba mis cosas mojadas con el agua del río Olvido, del primer caudal que crucé.

Desde entonces es que siento que ya no hay vuelta, la vida para mí ya no será como la soñé tantas veces, todas esas esperanzas quizás vivan en otra dimensión pero que jamás experimentaré en ésta y que extraño tanto como si alguna vez la hubiese vivido de verdad.

Cómo se puede saber lo que es algo si jamás se ha tenido?

Sólo siento que con este corazón de pié quebrado, no he sanado, sólo sé que sigue roto y dolido.

Que para mi pena no hay descanso ni refugio.

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